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La mezcla de conocimientos aparentemente no relacionados es la generatriz del pensamiento híbrido
Jon Elejabeitia

PENSAMIENTO HÍBRIDO

La mezcla de conocimientos aparentemente no relacionados es la generatriz del pensamiento híbrido y, como tantas cosas, nace hace unos 2.500 años. En el siglo V y IV a.C., en la isla de Samos y en el resto de las colonias griegas del transitadísimo mar Egeo, surge una nueva forma de pensamiento que reflexiona y explica el mundo de una manera totalmente diferente. Dicho pensamiento sostiene que el mundo y todo lo que existe se compone de átomos, que los animales son evoluciones de formas más simples, que las enfermedades no son causadas por demonios o dioses, que la Tierra solo es un planeta más que gira en torno a una estrella muy lejana. Nació entonces el concepto de “cosmos” en oposición al de “caos”, es decir, la idea de que el universo es cognoscible, y por tanto analizable.  ¿Por qué surgen estas ideas tan avanzadas precisamente entonces?

Desde luego no es una casualidad. El mar Egeo era el centro de antiguos imperios, siempre cerrados a formas nuevas y prestos a la persecución de todo aquel que tuviera ideas diferentes. Sin embargo, en Jonia había muchas islas y ciudades recién colonizadas que, debido a su aislamiento relativo, propiciaban la diversidad y el surgimiento de nuevas ideas. La libre investigación se hizo posible porque ninguna concentración de poder aislada podía forzar a la conformidad, situándose ésta más allá de los imperios. Por tanto, había libertad, y también diversidad: en los puertos de Jonia se reunían mercaderes, navegantes y viajeros de África, Asia y Europa, y allí intercambiaban mercancías, leyendas e ideas, así como tradiciones, prejuicios, idiomas y dioses. Había una actitud abierta a experimentar y a cuestionarse los rituales y las viejas tradiciones. Surgían preguntas que conducían a otras nuevas, y las respuestas fueron construyendo un mundo racional y comprensible que aparcaba a los dioses y al misticismo.

El terreno estaba perfectamente abonado para que aparecieran personas como Tales de Mileto, que había viajado por Egipto y era conocedor de las ideas babilónicas sobre el origen de la Tierra; Anaximandro, que concluyó que el origen de la vida estaba en el agua, y el ingeniero Teodoro. También aparece Empédocles, y el gran Demócrito con sus átomos. Todos ellos utilizaron el pensamiento híbrido, nacido de la mezcla de saberes y conocimientos de orígenes dispares y fuentes consideradas muchas veces inapropiadas.

Es en las conversaciones interculturales, y sobre todo en la interdisciplinariedad, donde salta la chispa que conduce a la creatividad, a la innovación y al cambio. La innovación se da en mentes abiertas, capaces de romper esquemas y de hacer equipo con otras personas de formación y trayectoria diferente. Es precisamente a causa de estas diferencias que surgen sorpresas, pensamientos inesperados, algo híbrido y nuevo. Es el mestizaje entre conocimientos que nunca antes se había combinado lo que genera el descubrimiento. La hibridez surge del intercambio, de la fusión, del cruce.

Hay hoy en día una creciente necesidad de innovar, y es en la intersección de las distintas áreas de conocimiento donde se aloja este proceso. Hasta ahora la mayoría de las empresas nos hemos dedicado a desarrollar una serie de productos y servicios enmarcados dentro de una misma disciplina, apuntando a un mismo mercado. Trazamos una dirección y la seguimos sin desviarnos apenas, siguiendo una lógica cartesiana que se convierte a su vez en nuestro carcelero para la innovación. Con el pensamiento híbrido se abre un nuevo camino basado en lo ecléctico, en lo mestizo, en conectar piezas nunca antes puestas en consonancia.

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