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El aprendizaje de las virutillas de una goma de borrar

Por  Mónica Mateo
Administración y Formación en Nextyou

 

Una de las primeras preguntas que me hizo Joaquina Fernández cuando empecé a trabajar con ella, hace más de 14 años,  fue “Cuando miras a las personas ¿No aprendes de ellas?”.  Al finalizar el día  tuve que preguntar “Joaquina ¿de todas…?“, respondió “si, Mónica,  vale reconocer el buen gusto de  haber elegido el bonito jersey azul que lleva”.
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Hace poco, gracias a un compañero de trabajo que tenía bastante que borrar (no con control+Z sino con una goma de borrar ¡todavía existe!)  y verle como se puso en  un sitio retirado para no llenarnos de virutillas, recordé nuevamente uno de los primeros días con Joaquina en los que tuve que borrar el nombre escrito a lápiz de muchas carpetas. Con mi parte más colérica me puse rápidamente manos a la obra, dando palmadas a la mesa para apartar las virutas sin importarme allá donde fueran a parar.  Al verme Joaquina se acercó y sugirió otra manera de hacerlo apartando los restos hacía un mismo lugar, para al final empujarlos hacia una papelera.
Puedo contar cientos de estos detalles para mí, en aquel entonces, “sin importancia”, como cuando me vio tapar con una manta a la persona que estaba en la camilla y me mostró cómo estirando la manta desde los pies hacia la cabeza con delicadeza, no levantaba aire que pudiera molestar a la persona. Este sencillo gesto hizo que cambiara el verbo “echar” por “arropar”, con todo lo que ello conlleva.
Ahora soy consciente de que no era solo una forma diferente de hacer las cosas o de hacerlas como ella quería (que no niego que a veces lo pensara), sino una forma de aprender a pensar en los demás y de pensar  en mi misma.
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Ahora cuando retuerzo  la bayeta de la cocina  con la muñeca hacia el lado correcto para no hacerme daño, cuando corto la verdura agradeciéndole que me alimente  y agradeciendo a todas las personas que han hecho posible esté entre mis manos, cuando me siento con la espalda recta, cuando riego las plantas  cuando lo piden porque las observo,  cuando paso la mopa dándome cuenta de la energía que limpio, cuando abro la puerta acogiendo al que llama, cuando oigo una tos y ofrezco un vaso de agua, cuando acompaño hasta la puerta al que se marcha, etc. es  ahora cuando  me doy cuenta de mi  transformación y cambio personal,  gracias a estos aprendizajes “sin importancia” que Joaquina me regaló,   por eso quiero compartirlo porque  ahora sé que todos los días tenemos personas alrededor de las que aprender, y a las que también podemos enseñar  con estos pequeños detalles sin que haga falta  decir ni mostrar nada.
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Si tuviera que contar qué es lo realmente importante que me llevo de la vida, diría que son esos aprendizajes “sin importancia”, y que gracias a Joaquina y al tiempo transcurrido, he aprendido a dársela, y a ver su belleza, que no es otra que la de las personas.
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“La vida sería más sencilla si nos pusiéramos en modo aprender”
Joaquina Fernández

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